lunes, 25 de marzo de 2013

Si es para la paz, cuenten con el ELN

En marcha hacia el futuro




Nicolás Rodríguez Bautista, más conocido como ‘Gabino’, máximo comandante del Ejército de Liberación Nacional, concedió una entrevista exclusiva a El Espectador

Alfredo Molano Jimeno / Lunes 25 de marzo de 2013



En noviembre del año pasado fue la última vez que Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, máximo comandante del Ejército de Liberación Nacional (Eln), concedió una entrevista a un medio nacional. En aquella ocasión le dijo a la FM que la guerrilla que comanda esta dispuesta a emprender un proceso de paz. Y su opinión no ha cambiado. Sigue empeñado, pero no a cualquier precio, como también ha dicho el Gobierno. Gabino sostiene que un proceso serio debe pasar por solucionar las razones históricas del conflicto: la desigualdad, la pobreza y la falta de participación de las comunidades en la política nacional. Niega que estén en diálogos exploratorios con el Gobierno, pero no descarta que haya habido contactos. El Espectador conversó con el jefe guerrillero. Esta es la entrevista.

¿Tras 50 años de confrontación armada es la hora de la paz?

Los tiempos de la paz deben ser en todo momento, las guerras no debieran existir; sin embargo, el sistema en que vivimos las produce, bien sea aquellas que hacen los imperios para apoderarse de las riquezas de los pueblos o por posiciones geoestratégicas como las de Vietnam, Libia o Siria, por mencionar tres ejemplos. Existen otras guerras que son hijas de las anteriores, las que las oligarquías hacen a sus pueblos para cercenar sus derechos, consagrados en las leyes y escritos en las constituciones. El caso de Colombia es ese, todas las generaciones desde los tiempos de la conquista hemos vivido en guerra y la anhelada paz aún no llega. Las veces que los últimos gobiernos han planteado su disposición a la paz, el Eln se ha dispuesto. Desde el año pasado les hemos dicho al presidente Santos y a la opinión pública que si es para la paz, cuenten con el Eln.

¿Qué diferencias habría entre un proceso de paz con el Eln y el que se adelanta con las Farc en La Habana?

Es difícil decirlo, porque a la fecha no son claros ni los alcances ni las metodologías del proceso de paz de La Habana.

¿Cuáles serían los puntos centrales en un proceso de paz entre el Eln y el Gobierno?

Colombia padece un complejo conflicto social y armado, los analistas más serios sustentan que tiene un origen económico, político y social, en el que las terribles desigualdades y la represión para acallar las luchas de las grandes mayorías están al centro. Esa es también la lectura del Eln y esa realidad produjo el levantamiento en armas. La paz empieza por reconocer tal realidad y comenzar un proceso que encare las grandes soluciones; si el gobierno de Santos entiende así las cosas y se dispone, el camino estará despejado y arrancaría un proceso incluyente, donde esas mayorías deben ser protagónicas, en ese caso la mecánica del proceso es sencilla y dará resultados.

¿La muerte del presidente Chávez puede afectar sensiblemente el proceso de paz colombiano?

No lo creo, las políticas del gobierno de la hermana Venezuela están basadas en una política de Estado y no cambian por la temprana partida del presidente Chávez. El presidente Chávez y su gobierno se comprometieron con la paz de Colombia desde los tiempos de Uribe y aunque ese esfuerzo le causó dificultades al gobierno venezolano y al presidente Chávez, se ha reiterado el compromiso y por ello no considero que ahora desmejore.

Ustedes han sido críticos de la extracción minera y petrolera, hoy que estas actividades están en auge, ¿cuál sería su propuesta para enfrentarlas?

El gobierno que necesita Colombia debe consultarles a las mayorías los planes estratégicos, económicos y políticos, y no a las transnacionales capitalistas. Esto sería democracia y soberanía, que es contrario a lo que hizo el presidente en la Cumbre de Río el año pasado, donde ofertó más de 17 millones de hectáreas a las transnacionales de la minería. Asimismo, la debacle de los TLC que se refleja entre otros en el paro de las caficultores y que arruina a los sectores medios de la producción, muestra que el Gobierno va por un lado y el sentir de las mayorías va por otro, y esa conducta de los señores del poder ha hundido el país en una crisis sin precedentes. ¿A quién le han consultado el tránsito de Colombia de país agrícola a país minero? Eso de que los sucesivos gobiernos son defensores de la patria colombiana es relativo, su alma es Occidental, British, Nestlé, Drummond, Kedada, Medoro, Chiquita Brands y pare de contar. El cuento de que Ecopetrol es patrimonio de los colombianos es un contrasentido. Si los planes minero-energéticos de Santos se concretaran, Colombia quedaría convertida en un terrible socavón, de gravísimas consecuencias no sólo para la población sino para el planeta, en un continente donde la conciencia por la armonía entre los humanos y la madre tierra está creciendo.

La propuesta del Eln para hallar una salida al conflicto ha sido una convención nacional. ¿Cómo sería esa fórmula?

El nombre puede seguir siendo la Convención u otro, lo concreto es que eso significa que una salida política para alcanzar la paz requiere escuchar a las comunidades y que sean ellas protagonistas del proceso, como quien dice que en una mesa debe asumirse una agenda social que recoja sus luchas y reclamos; hoy tenemos que reafirmarlo como asunto indispensable al plantarse la agenda para la paz y la superación del conflicto. En Colombia todos los sectores populares y sociales han planteado sus plataformas a través de sus luchas, retomarlas es urgente y caminar en su realización es ir hacia la paz.

¿Les interesa hacer tránsito a la vida electoral y política?

Nosotros desarrollamos vida y acción política, así sea dentro de nuestra realidad insurgente. En eso invertimos la mayor parte de nuestros esfuerzos, organizando y estando dentro del conglomerado social. Si un proceso de paz avanzara de verdad, intensificaríamos el accionar político y seguramente participaríamos en las elecciones. Claro, tocaría ajustar las reglas del juego, porque ahora funciona a cari-sello; con cara ganan las oligarquías y con sello también.

En el caso en el que se formalizara un proceso entre ustedes y el Gobierno, ¿sería con el modelo de la coordinadora guerrilla que funcionó en Tlaxcala y Caracas o en una mesa paralela a las Farc?

Esa decisión no está en nuestras manos. Entre los compañeros de las Farc y el Gobierno hay un proceso andando y nosotros ni siquiera estamos en diálogos exploratorios, por tanto no es posible hablar de una sola mesa, nosotros estamos dispuestos a aceptar esa realidad de dos mesas separadas, valorando la importancia de confluir en el camino.

El Gobierno ha insistido en que no habrá paz si la insurgencia no les pone la cara a sus víctimas, ¿cómo ven eso?

Nuestro último congreso reafirmó la validez del reclamo de las víctimas sobre alcanzar la verdad, la justicia y la reparación, y públicamente lo hemos ratificado. Las estadísticas más serias han demostrado que el Estado es el mayor violador de los derechos humanos en Colombia, de manera que ese Estado está obligado también a poner la cara a las víctimas. El Eln jamás ha tenido como política hacerle daño a la población y cuando hemos cometido errores y afectado la población hemos puesto la cara. Lo hemos reconocido y mantenemos tal disposición, no como exigencia de nadie sino como una obligación moral que siempre ratificamos.

Cincuenta años después de lanzarse a la guerra, ¿qué es el Eln y que le puede aportar a la Colombia de hoy?

El Eln no se lanzó a la guerra; nos lanzó la represión militar y policial que le declaró la guerra a la protesta social. Los orígenes más inmediatos a nuestro alzamiento en armas en 1964 fueron la criminalización de la huelga petrolera de Barrancabermeja de 1963 y la represión estudiantil que arreció comenzando la década de los años 60. Un año después se uniría a esa fuerza guerrillera el sacerdote Camilo Torres. Desde entonces hemos permanecido junto a la población del campo y la ciudad. La resistencia ha sido contra el Ejército más sanguinario y mejor entrenado por el Pentágono en el continente. Desde 1980 nos extendimos por el país y mantenemos nuestras fuerzas en vastas regiones, donde el Estado sólo hace presencia a través de sus Fuerzas Armadas y donde somos la real autoridad consensuada con las organizaciones de las comunidades.

¿Quiénes serían los negociadores del Eln en una eventual mesa de diálogos?

Desde el pasado octubre, cuando el presidente Santos nos llamó públicamente a dialogar, le respondimos afirmativamente y desde entonces tenemos listo el equipo que va a dialogar con el Gobierno, ellos forman parte de la comandancia general del Eln.

Camilo Torres fue uno de los estandartes del pensamiento eleno, ¿qué queda de su pensamiento?

El camilismo sigue siendo el estandarte en el Eln y se ha proyectado para cobrar vigencia, no sólo en el interior del Eln. Camilo traspasó las fronteras y está presente en nuestra América cristiana que abraza la teología de la liberación, de la que Camilo es uno de los destacados pioneros. En Colombia el camilismo es una corriente de pensamiento revolucionario que recorre el país desde la clandestinidad y también en espacios políticos amplios que abrazan muchos hombres y mujeres, como guía de su caminar hacia horizontes de futuros; por ello tenemos que decir que Camilo sigue caminando en Colombia, América y otros confines.

¿Qué representa Chávez?

Chávez es el gigante bolivariano, antiimperialista y socialista que partió en dos la historia de esta América, para darle felicidad, democracia y la independencia definitiva que soñó Bolívar como camino inexorable de los pueblos desde el Caribe hasta la Patagonia. Ahora Chávez es patrimonio de los revolucionarios, patriotas y demócratas de los pueblos americanos y su obra se seguirá fortaleciendo porque dejó enraizado su proyecto y sembradas las semillas del futuro en la Venezuela que amó y en la América que lo agigantó, porque comprendió su grandeza. Chávez es un símbolo.



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